Recientemente he estado hablando con varios jefes que se dedican a la exportación, y me ha hecho reflexionar bastante. En el círculo del comercio exterior hay una trampa muy dolorosa: cuanto más es un “jefe honesto” que ahorra dinero al cliente y ofrece precios muy ajustados, más fácil es que lo pisoteen.
A mucha gente le cuesta entenderlo: ya he puesto un precio casi al mínimo, la calidad tampoco tiene ningún problema, ¿por qué el extranjero eligió a uno que es más caro5%? Hermano, tú consideras el precio bajo como sinceridad, pero el extranjero considera el precio bajo como riesgo. Los rodamientos, los productos químicos y el acero que hacemos en Shandong son todos pilares industriales; una vez que algo sale mal, ¿cuánto pierde el extranjero por parar la producción un día? Si das un precio fuera de toda lógica,
en su cabeza empiezan las dudas: ¿será que estás a punto de quebrar? ¿Que quieres usar el anticipo para tapar agujeros? ¿O que al final vas a cambiarlo por mercancía defectuosa? Tú crees que estás hablando con el corazón, pero ellos sienten que les estás tendiendo una trampa.
La “relación calidad-precio” sin margen de beneficio está consumiendo tu credibilidad. Los veteranos que ganan dinero, aunque el mercado esté mal, se atreven a cotizar un poco más alto con total seguridad,
porque saben explicarlo de una manera convincente: mi almacén está a 20 kilómetros del puerto, te garantizo que la mercancía embarca; en mi control de calidad hago una prueba adicional de análisis espectral, te garantizo que no tendrás que hacer una segunda inspección.
¿De verdad el extranjero compra solo mercancía? ¡Lo que compra es poder dormir tranquilo por la noche! No seas un simple cargador que solo sabe bajar precios. Cuanto más andes con pies de plomo, más pensarán que te falta confianza; si mantienes tu profesionalidad, en cambio no se atreverán a reemplazarte. Recuerda, la fiabilidad siempre vale más que lo barato. Sígueme y te ayudaré a analizar la lógica de los mercados de ultramar.
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